Ignacjańskie Dni Młodzieży
28 lipca - 1 sierpnia 2018 | Stara Wieś

¿Puede la Iglesia atraer a los jóvenes en nuestros días? ¿Y están los jóvenes interesados aún en la búsqueda de su propio puesto dentro de la Iglesia? Tratar de responder a estas preguntas y otras parecidas está siendo cada vez más el objeto de encuentros, conferencias y discusiones en los ambientes eclesiales. Esta presentación no quiere ser un intento para afirmar tesis alguna, más o menos optimista, sino solamente dar cuenta de un espacio en el que han entrado los jóvenes y del que, como ellos mismos afirman, no podrían prescindir en su vida. Las Jornadas Ignacianas de la Juventud (JIJ), organizadas desde 2004 en Stara Wies, Polonia, representan la ascensión a la cumbre de una montaña que se quería escalar desde hace mucho tiempo. Sí, la imagen de la escalada es adecuada porque a lo largo del camino se topa con muchas aventuras, momentos difíciles, a veces arriesgados. Se trata de una viaje que, por causa de diversos temores, inseguridades o simplemente por falta de voluntad, no son muchos los que deciden emprender. Los que por el contrario tienen el valor de hacerlo experimentan algo de gran valor, a saber, que este camino no se recorre a solas, que no es un recorrido sin meta. ¿Pero el joven de hoy siente la necesidad de algo más que no verse solo y encontrar un modo de vivir que dé sentido a la vida misma? Hace más de tres años, los jesuitas polacos comenzaron a elaborar un programa formativo para los jóvenes de los cursos superiores (de 15 a 19 años de edad) que se refiere a varios aspectos de su desarrollo, entre ellos: el conocimiento de sí mismos, la construcción de las amistades y conocimientos, la creación y consolidación de las relaciones con Dios, tanto a nivel personal como comunitario, el reconocimiento de los retos planteados por el mundo moderno y el compromiso según la edad y las propias posibilidades en la vida social, el conocimiento de la realidad de la Iglesia y la preparación para asumir responsabilidades de su misión. Todo el programa, distribuido a lo largo de un período de cuatro años, se apoya en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y en la espiritualidad jesuítica. En poco tiempo muchos jóvenes decidieron hacerlo suyo dándose el nombre de comunidad MAGIS. Hasta el presente han nacido seis comunidades con cerca de 300 miembros, y hay otras en fase de organización. Cada comunidad vive su propia vida: posee una estructura definida, común a todos, un programa a realizar con base anual, sus propias costumbres y especificidad. El principal responsable de la comunidad local es el moderador, un jesuita, ayudado de un cuadro de animadores escogidos de entre los jóvenes. Además de la formación en el curso del año, los chicos participan en los retiros MAGIS de nueve días, cuyo programa está abierto aun a quienes no tienen relación con estas comunidades.

El objetivo de las JIJ es ante todo la celebración, en una atmósfera de fiesta, del encuentro de centenares de jóvenes (unos 400), que descubren cuántas cosas les unen entre sí. Se da gran relieve al estar juntos ya que ello permite a los jóvenes en ese mundo suyo muchas veces fragmentado y dispersivo. Angelika, una de las participantes en el encuentro del año pasado, hizo este comentario: “Las JIJ son nuestra fiesta. La fiesta de los jóvenes. La fiesta de los que diariamente viven su vida, tienen sus problemas que tratan de resolver de manera más o menos eficaz. No somos, pues, une elite ni seres extraterrestres. Aunque somos distintos y procedemos de diversos ángulos de Polonia, nos une un deseo único; a través de nuestro encuentro de Stara Wies queremos alabar al Señor y Salvador precisamente por lo que somos y darle las gracias por el hecho de que el hombre no es una isla solitaria, sino que ha sido creado para vivir en comunidad”. Aun nosotros los jesuitas somos conscientes de que, al extraer de la rica espiritualidad ignaciana, tenemos mucho que trasmitir a estos jóvenes. Y hay otro aspecto difícil de soslayar: el testimonio de nuestra vida como jesuitas. A lo largo de todo este tiempo el joven puede observar fácilmente cómo unos 30 jesuitas logran colaborar entre sí en la tarea de llevar a cabo todo el programa. Las JIJ, como por lo demás toda la formación de la comunidad MAGIS, acumulan muchos aspectos de la vida juvenil y por lo mismo el programa prevé un tiempo para la oración, la eucaristía, las conferencias temáticas repasadas luego en pequeños grupos, talleres, actividades deportivas y conciertos. El carácter jesuítico del programa consiste precisamente en el hecho de que consigue mantener lo que tan caro le era a San Ignacio, a saber, “hallar a Dios en todas las cosas”. “Oh sí, no hay modo de no darse cuenta de Dios – admite Ola, de Danzig, que para llegar a Stara Wies ha tenido que recorrer 800 kms. – durante las comidas, durante la Misa, los conciertos y las conferencias, su nombre está en todas partes. Y no venía sólo de los labios sino de los corazones, porque es en ellos donde nace el amor de Dios. Afirmo que las JIJ me han fortalecido enormemente en la fe y me parece que esto era lo que yo necesitaba, tener la experiencia de este grandísimo amor”.

Cada edición de las JIJ tiene su propio tema, y la del año pasado se concentraba en particular en torno a la cuestión “Amistad o amor”, o sea, sobre lo que en el corazón de los adolescentes se manifiesta como nostalgia, sueño, felicidad deseada y aun a veces como decepción, amargura o dolor. Los participantes en las JIJ tuvieron la posibilidad de hablar con las personas invitadas que habían presentado un tema dado según diversas perspectivas. Al tratar del amor y la amistad se ha ilustrado sobre todo la perspectiva bíblica, presentada por el escriturista P. Tomasz Kot, S.J. Al día siguiente los invitados fueron la pareja de esposos Anna y Jerzy Talar, que hablaron de amistad y amor sobre la base de su propia experiencia, comenzando del momento en que se conocieron, pasando seguidamente a través de las fases de la amistad, el enamoramiento, el noviazgo, la decisión de vivir juntos en matrimonio, hasta el momento de construir la sucesiva relación de amor en una experiencia de vida matrimonial y familiar de más de diez años. Pero, como pasa a veces en la vida, el amor y la amistad no son siempre rosas y flores. Al día siguiente se afrontaron temas relativos a los diversos peligros que se pueden encontrar en la vida de relación con otra persona. En este caso la especialista fue Joanna Szostak, directora de un centro de corrección de chicas, que basó su presentación en las experiencias personales de su trabajo con la juventud, que muchas veces ha tenido que probar la amargura de la amistad o del amor. Después de cada presentación, los jóvenes tenían tiempo para volver a discutir el tema antes expuesto, primero en grupos reducidos y subsiguientemente a través de las preguntas hechas a los conferenciantes. A las 12 de cada día los jóvenes se reunían para la Eucaristía en la basílica de Stara Wies. El marco litúrgico el grupo musical y los coros creaban un ambiente excepcional e inolvidable. Una de las participantes lo ha descrito como sigue: “Las CIC dan la posibilidad de encontrar a Dios en nuestros prójimos. De esta manera la Misa se convierte en una experiencia de veras conmovedora, en el momento en que todos presentamos a Dios nuestras plegarias, nuestros deseos, nuestra gratitud. Es sorprendente el modo de intercambiarse la señal de la Paz de Cristo. Las personas aplauden de felicidad, suenan los tambores, cantan y bailan en el templo, en nuestra casa, alabando a quien les ha permitido estar allí y disfrutar cada momento vivido con todos los demás”.

Las misas las celebraban los conferenciantes, los moderadores de las comunidades y aun jesuitas acabados de ordenar hacía un mes, que al final daban su primera bendición. Las tardes se llenaban con el trabajo en más de 20 grupos de talleres sobre diversos temas. Particularmente populares se hicieron los talleres de danza, deportes, protección civil, tanto los menos dinámicos cuanto los bíblicos, periodísticos, los dedicados a la radio o al arte, en el que cada cual pudo pintar el primer cuadro de su vida bajo la guía del artista Zdzislaw Pekalski. El jardín jesuítico durante las JIJ se convierte para algunos en palco, estudio de grabación o redacción de un periódico, y para otros en galería de arte o aun lugar de prácticas de protección civil. La diversión es la característica de las noches, con “inolvidables conciertos y veladas. Es tiempo para divertirse, y mucho – hay que subrayarlo. Se hace evidente que los jóvenes pueden divertirse sin sustancias estimulantes y que logramos expresar nuestra alegría por medio de la diversión. Pero es también tiempo de reflexión a la que nos mueven los textos de las canciones y las velas organizadas por los novicios jesuitas”. El descubrimiento de la juventud tiene muchas dimensiones. Estos días los jóvenes renuncian al uso de los teléfonos móviles, a escuchar el walkman o al acceso a internet, ninguno excluye a nadie de su amistad. Tomek cuenta así los primeros momentos: “… el animador me propuso una idea que no me agradó al principio, desprenderme del móvil y no utilizarlo durante las JIJ, pero a decir verdad no me fueron tan necesarios! Eran tantas las personas que no se sentía la falta de estos aparatos. Todos tienen más tiempo para sí, durante estas jornadas se está dispuesto a vivir la vida de manera completa. Y ninguno, de veras ninguno, quiere regresar a su casa, pero hay que hacerlo. Volvemos a nuestra vida, a nuestras cuestiones y problemas con el recuerdo continuo de las Jornadas Ignacianas de la Juventud y del MAGIS, nos recuerdan que no obstante las adversidades hay que seguir a Cristo todos los días y batirse y peregrinas más allá, conocernos más profundamente a nosotros mismos y a Dios”.

Las Jornadas Ignacianas de la Juventud son la fiesta de los que se sienten próximos a la espiritualidad de San Ignacio. De los que hoy en día desean ser testigos del hallazgo de Dios en todas las cosas. El entusiasmo y gozo de los jóvenes son el testimonio mejor del hecho de que tienen una enorme necesidad de compartir la felicidad y fortalecimiento en las dificultades de la vida diaria. Las JIJ nos han demostrado a los jesuitas la importancia del trabajo con la juventud y el gozo que sienten de vivir de grandes deseos del mismo modo que nuestro fundador San Ignacio.

 

Andrzej Migacz, S.J. y Pawel Brozyniak, S.J.
Traducción de Ignacio Echaniz, S.J.
 
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